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Situado frente al Mercat de Galvany, el restaurante Artkuisine reúne, en mayor o menor medida, todas las cualidades que se le puede pedir a un local al que vas a disfrutar de una buena cena, ya sea en pareja o con amigos.
Decoración elegante en tonos suaves, con toques de color que dan más vida al local y compensan la ausencia de luz natural, procedentes de una divertida selección de cuadros y algunas plantas estratégicamente colocadas. Una decena de cómodas mesas, la mitad de ellas redondas y bien separadas, completan la sensación de confort.
En la carta, honestidad y constantes homenajes al producto. Se deja notar la pasión del chef Rémy Lefebvre por su trabajo y por sus herramientas que, más que los utensilios, son los ingredientes.
Magníficas sardinas al espeto con guacamole, una dulzona compota de echalotas y un contrapunto de mostaza de azafrán. Todo un alarde de sabores de antes en la selección de verduras biológicas (nos contó Remy que en este caso comparte proveedor con el gran Àbac), salteadas con un jugo de gallina al aroma de soja. En los pescados, buenas vieiras al wok acompañada de una crema de coliflor y, para los que quieran alternativas menos vistas, las grandes perspectivas del rodaballo en suprema con crema de Moscato d'Asti, berberechos y chorizo. En las carnes, pichón de sangre con canelón de langostinos al curry, un atractivo cruce de influencias en el lomo de cordero asado con garam masala indio, cap-i-pota y garbanzos, o un crujiente cochinillo de Segovia deshuesado, acompañado de pequeños dados de rábanos y salsifíes, y un bikini negro de tocino y queso cheddar.
Son aproximadamente una docena de opciones, que puede no parecer mucho, pero que conforman un gran número de combinaciones, ya que en casi todos los casos puedes pedir media ración. Perfecto para los que les guste confeccionarse su propio menú degustación o para aquellos que no tienen un gran apetito.
En los postres, algunas elaboraciones mixtas con composiciones de externos de lujo -como Oriol Balaguer- y unas cuantas íntegramente de la casa, como sus esponjosos soufflés, por los que merece la pena esperar unos minutillos.
Como curiosidad, en nuestra última visita (una buena cena con menú degustación de setas), Remy preparó un prepostre que combinaba un fino praliné con unas láminas de queso Laguiole, una minúscula hojita de escarola y el intensísimo aroma de un aceite de trufa blanca. ¡Sensacional!.
Servicio de sala atento y agradable, e interesante carta de vinos, con medio centenar de referencias que se salen de la monotonía habitual.
Leer un artículo sobre el Restaurante Artkuisine en Estocomo
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