Los hermanos Buj, Angel en la cocina y Emilio en la sala, dan vida a este local de diseño sobrio y tradicional y de trato familiar.
Destacan sus elaboraciones sencillas, resueltas con gran eficacia y apoyadas en una materia prima de calidad.
No disponen de menú degustación, pero fácilmente podrán lucirse si el comensal escoge algunos platos para compartir, como sus magníficas cebollitas rebozadas (¡qué grandes rebozados!), sus anchoas del Cantábrico, unas excelentes gambas frescas a la plancha, su foie casero o la fritura de pescados de temporada.
Entre los clásicos sobresalen sus canelones rossini (un grande, olvidado por muchos restaurantes actuales), el lenguado relleno de setas o el solomillo a la salsa de anchoas.
Bodega clásica -quizás se agradecería alguna referencia más actual-, a precios contenidos.
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