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Restaurante de tapas en el Born que se puso muy de moda hace unos años y que ha sabido mantenerse a gran nivel hasta conseguir el galardón de la estrella Michelin en 2008.
Junto al Arola, y sin olvidarnos tampoco de Rosal 34 y La Taverna del Clínic, son uno de los mejores exponentes del nuevo tapeo barcelonés.
Toda su carta se compone de pequeñas tapas y platillos en los que, además de la calidad, se busca la sorpresa de nuevos sabores y formatos. Disponen de dos menús degustación (festival y superfestival, que se diferencian en el número de platillos que incluyen).
El local luce un aspecto vanguardista, con lámparas confeccionadas con platos de batería de música y paredes de colores vivos.
Se puede optar entre comer en la barra o en una mesa, siendo casi imprescindible para esta última opción reservar con antelación.
Algunas de nuestras tapas preferidas son el biquini de mozzarella con jamón de bellota y trufa (creado por Adrià), las cebolletas en tempura con nube de soja, el espectacular huevo kinder (inspirado por una conferencia del grandísimo Joël Robuchon), una fresquísima ostra de gran calibre con espuma de coco, la minihamburguesa con foie, el suquet de pescado, o el entrecot de buey con patatas y wasabi. Los postres están un pelo por debajo del nivel medio, aunque es imperdonable no probar su pan con aceite, chocolate (cremosísimo) y sal.
En definitiva, todo un derroche de creatividad y buena materia prima.
Servicio de sala muy profesional y carta de vinos amplia, interesante y con unas cuantas referencias a precios contenidos.
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