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Cuando inauguraron Espai Sucre en el año 2000, Jordi Butrón -su creador- lo definió como el único restaurante de postres del mundo. De hecho, es un concepto gastronómico tan arriesgado que es posible no haya muchos más a día de hoy.
Pero la apuesta no les ha salido nada mal y su restaurante, que dispone además de una escuela de postres que incluso ha superado ya la fama del propio restaurante, es todo un éxito.
Su carta se compone de una gran mayoría de platos dulces y unos pocos salados. Puedes combinarlos a tu gusto o escoger uno de los menús ya confeccionados (dos menús de 3 postres -uno de ellos basado en el chocolate-, otro de 5, y un par de menús degustación completos, con platos dulces y salados) entre los 35 y los 55 euros.
Entre los mejores postres, recomendamos la sopa fría de marialuisa con manzana verde y sorbete de yogur picante, el bizcocho de aceite virgen extra, melocotón blanco y oliva verde, o la crema de vainilla con café, cardamomo negro y plátano. Los salados, aunque lejos del nivel de los postres, ofrecen alguna alternativa digna, como el mar y montaña de cap-i-pota y anguila caramelizada.
Ofrecen un maridaje del vino según los platos, el cual no resulta excesivamente caro, pero que quizás no está a la altura de la originalidad del local.
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