|
Ubicado en el gran local en el que el Gargantua i Pantagruel lucía sus mejores galas de cocina leridana, Carles Gaig utiliza su Fonda Gaig para dar rienda suelta a sus espléndidos conocimientos del recetario tradicional catalán.
El local, de generosa magnitud, está elegantemente decorado combinando los tonos blancos y rojos con las maderas. Las mesas de 4 comensales disponen de un espacio notable entre ellas, y para las de 2, sin ser tan notable, es más que suficiente. Y para los que quieran ver las interioridades del negocio, han mantenido la cocina a la vista del Gargantua.
Sin tanta sofisticación como en el Gaig del Cram (galardonado con estrella Michelin y, a juicio de CaviarBCN, uno de los mejores restaurantes de la ciudad), la propuesta culinaria del maestro Gaig en su Fonda se basa en la recuperación de los sabores nítidos e intensos de platos como los macarrones de cardenal con crema de parmesano, el pollo de Gratapallers a la cazuela (¡qué gran salsa!), las albóndigas con sepia, el conejo a la brasa con all-i-oli, o unas judías del ganxet que quitan el hipo, acompañando a la butifarra y el lomo a la brasa.
En los postres, destacan un buen 'recuit' con miel y el hojaldre, que lo bordan, tanto relleno de cabello de ángel como de crema.
Carta de vinos extensa (para hacerse una idea, más de 50 variedades entre cavas y champagnes), con referencias para todos los gustos y bolsillos.
Buen servicio de sala, bien dirigido por una solvente y agradable Fina Navarro, esposa de Carles Gaig.
Leer un artículo sobre el Restaurante Fonda Gaig en Estocomo
|