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Local de pequeña capacidad (35 comensales), dispuesto en varios niveles, de diseño sobrio y muy elegante, y buena iluminación natural.
Sólo 10 meses bastaron a Alex Garés, bajo la especial batuta a distancia de Martín Berasategui, para alcanzar la primera estrella Michelin del local. Tras la marcha de Garés para atender su aventura en Maldivas, Berasategui otorga el mando de la cocina a Antonio Sáez, un chef inteligente y gran dominador de los tiempos de cocción, que se hace con la segunda estrella Michelin en apenas unos meses.
Su carta pone al alcance de los barceloneses (de algunos, ya que el menú degustación cuesta 105 euros) una simbiosis entre los más espectaculares platos de la cocina de Berasategui con algunos sabores autóctonos catalanes.
Entre sus especialidades, el milhojas de manzana verde con foie y anguila ahumada, las manitas de cerdo deshuesadas y rellenas con tostas de hongos al queso Idiazábal, los huevos de caserío con tocineta asada, o la brutal gamba con flan de erizos, caviar de leche y almendra. Mención especial para las ostras con espuma de coliflor y canutillo de caviar, y un excelso canelón de civet de conejo con royal de foie.
Buena carta de vinos con unas 120 referencias, algunas de ellas realmente interesantes, aunque la original organización de la carta descoloca un poco a la hora de escoger el vino.
Servicio joven, agradable y muy profesional.
Restaurante de presente y de futuro. Lo seguiremos de cerca.
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