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Después del traslado a Barcelona, el Lluçanès luce un local de diseño vanguardista, de decoración semiindustrial que se da un toque a los lofts neoyorquinos.
Ubicado en el mercado de la Barceloneta, no se parece al típico restaurante de mercado, excepto en la materia prima de gran calidad.
Sus elaboraciones, de raíces regionales evolucionadas, son complejas y sus técnicas, de alta cocina, pero sin llegar a cargar el plato con sofisticaciones accesorias.
Además de disponer de dos tipos de menú degustación (cualquiera de ellos satisfará al más pintado, aunque destaca un completísimo menú minimalista, que permitirá hacerse una idea fiel del enorme potencial de su cocina), la carta incluye pequeñas joyas, como una sensacional ostra con coco, germinados y gelée de alga Kombu, los salmonetes escabechados al vinagre de manzana, con tomates de Montserrat y cebolla dulce, la ventresca de atún con arroz picante y caracoles de mar, o unos espectaculares canelones de pollo pata negra con bechamel de idiazábal y virutas de foie que, junto a los trufados de Gaig y al de faisana y royal de foie de Lasarte, son de los mejores de la ciudad.
Los postres, que recomiandan solicitar al principio, pese a no ser más que 5 ó 6 en carta, son suficientes para satisfacer al más goloso. Atención al bizcocho de pistacho con helado de eucaliptus y aire de lichis.
En sus respectivas temporadas, buenas setas, trufas (incluso con menú propio) y caza.
Servicio atento y agradable, e interesante bodega, de precios muy contenidos para lo que nos tienen acostumbrados los restaurantes de esta categoría.
A pesar de sufrir las dificultades del traslado en verano de 2007, mantiene de forma más que merecida la estrella Michelin que le fue otorgada en Prats de Lluçanès.
Para el equipo de CaviarBCN, es actualmente uno de los mejores restaurantes de Barcelona.
Leer un artículo sobre el Restaurante Lluçanès en Estocomo
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