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Monvínic no se puede catalogar de restaurante convencional. Como ellos mismos se definen en su web, son un centro divulgador de la cultura vínica.
En la práctica, es un local de generosas dimensiones y de espectacular diseño vanguardista (quizás le ha arrebatado la supremacía de 'local fashion' al Arola) en el que, a pesar de que el vino es el gran protagonista, podemos maridarlo inversamente con elaboraciones del chef Sergi De Meià (que pasó, entre otros, por el Reno o L'Excellence).
Que el vino es protagonista es innegable: unas 4.000 referencias de todo el mundo y un equipo de someliers liderado por el prestigioso César Cánovas (que ya hizo grande la bodega del magnífico restaurante de su padre, el Racó d'en Cesc) y por Isabelle Brunet (que proviene de Lavinia, habiendo trabajado también en el Bulli). Para acabar de redondearlo, la carta es una tablet-pc en la que podremos ir accediendo de forma informatizada a todos los datos de los vinos (procedencia, composición, nota de cata, etc.).
El local se divide en una zona de wine-bar para degustación de vinos, y la sala gastronómica, con dos modernas mesas rectangulares para 32 comensales, que disponen de un hueco integrado a modo de cubitera en seco, y de una luz de fibra óptica para cada comensal, para poder apreciar los matices de color de los caldos.
Para 'acompañar' nuestra elección de vino, podemos aprovecharnos de las elaboraciones de De Meià que, trabajando con una materia prima que tumba de espaldas -en muchos casos, con proveedores directos de verduras, carnes y frutas-, consigue grandes resultados, como el de las ensaladas (atención al parmesano de 19 meses de curación que lleva la de tomates), los tiernos calamares de playa con piñones salteados, un buen foie a la plancha con manzana, el pichón relleno de setas, o un excelso arroz meloso con conejo de granja y cigalas, que para el equipo de CaviarBCN se encuentra entre los mejores de la ciudad.
No hay que despreciar tampoco preparaciones a priori menos elegantes, como las patatas a la riojana con huevo, o los callos.
Servicio de sala profesional y muy amable, desde la orientación en los vinos hasta las recomendaciones sobre los mejores platos del día.
Disponen de una biblioteca repleta de libros, guías, revistas y demás publicaciones de referencia del mundo vitivinícola.
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