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Sus menús degustación empiezan a ser conocidos entre los gourmets de la ciudad.
Con un par de salas relativamente pequeñas (para un total de unos 40 comensales) y mesas bien espaciadas, se ha convertido en una de las sorpresas más agradables de los últimos años.
Además de sus dos menús degustación (uno de 3 y otro de 5 platos, por unos 50 y 70 euros respectivamente), disponen de una buena opción de menú mediodía, por poco más de 30 euros.
Servicio de sala joven, muy amable y sin prisas, que aumenta la satisfacción del ágape y de una buena charla de sobremesa.
Además de algunos platos que se han convertido en clásicos, como la fantástica 'cansalada' crujiente con calamares y alcachofas, destacan la crema fría de puerros, ostras y mango, la paletilla de cabrito con especias, o un fricandó que, con la ayuda de la técnica del vacío, es la estrella del menú de mediodía. En los postres, buen crumble de avellana con dulce de calabaza, o esponjoso de torrija, fresones confitados y sabayón de vodka.
Destacado servicio de panes, con reposición constante a medida que va saliendo del horno, que se convierten en un perfecto aliado para uno de los puntos fuertes del local, las salsas y los fondos de pescado y carne.
Carta de vinos sin alardes en dimensiones, pero con una interesante selección que combina referencias más y menos conocidas. Además, se agradece el buen conocimiento del stock remanente de Anna, la agradable jefa de sala, que evita la ingrata sorpresa de querer repetir botella y encontrarte con que no hay más.
Sigue por el buen camino.
Leer un artículo sobre el Restaurante Saüc en Estocomo
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