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La familia Monje dirige este restaurante de la zona alta de la ciudad desde 1967.
El local, de decoración modernista y de distinguido diseño, mantiene la estética de sus inicios. Probablemente, a algunos les parecerá algo fuera de tiempo y a otros les encantará por el mismo motivo.
Su cocina busca los sabores de siempre y otorga protagonismo a unos ingredientes de calidad y a las cocciones clásicas, por encima de extravagancias y combinaciones de sabores más novedosas.
En su carta podemos ver platos como el milhojas de patata con butifarra del perol, el bogavante asado en cocotte a la mantequilla de coral, o el filete de buey charolais a la broche con patatas al mortero y foie-gras.
De postre, conservan uno de sus grandes clásicos: las naranjas al estilo Vía Veneto, que preparan delante del comensal.
La bodega, magnífica, una de las mejores de Barcelona, con unas 10.000 botellas de 1.000 referencias distintas, entre las que destacan más de 20 añadas de Único de Vega Sicilia.
El servicio de sala es simplemente exquisito, a la vieja usanza, para no desentonar con el entorno.
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